Árboles con alma


Mi abuelo, ilustre abogado y popular poeta costumbrista altoaragonés, publicó en 1935 una poesía en homenaje a los árboles dedicada a los niños. Se trataba de un poema sencillo, pedagógico, amable: a continuación transcribo la primera estrofa:

"La cuna en que nuestra madre / nos mece en la edad primera, / la lumbre de los hogares / de las risueñas aldeas, / el techo que nos cobija, / los muebles que nos rodean, / las flores que nos perfuman, / los frutos que nos sustentan, / los libros en que estudiamos / y el arca en que nos entierran; / son producto de los árboles / que véis crecer por doquiera" ...

Pues bien, el objeto de este blog es unirme a ese homenaje y dar a conocer los árboles ya que no con versos míos, con fotografías mías... Y con poemas acerca de los árboles de autores consagrados. Por cierto, el resto de la poesía de mi abuelo podéis leerlo en la entrada "Los árboles" de este blog.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Roble albar. (Quercus petraea)

El roble albar, "roure de fulla gran", en catalán, es una de nuestras más preciadas especies arbóreas. Es uno de nuestros grandes robles. Alcanza los 25 ó 30 metros de altura. Éstos dos están situados en la zona de  Llaés, comarca de difícil acceso, con grandes bosques "vírgenes" de robles, encinas y hayas    


Una fotografía de ambos robles, desde otro ángulo:


De ordinario, sus copas son amplias, aovadas, ó elípticas. Este otro ejemplar está situado cerca de Fustanyà, en la Vall de Ribes del Pirineo Catalán:



Son árboles de tronco esbelto: derecho y largo. 





Las ramas son también rectas, ascendentes.






Son árboles longevos: pueden llegar a vivir 500 años.


Árboles de grandes hojas: vemos, en efecto, su notable tamaño: de 10 a 15 centímetros. Son hojas elípticas cuya mayor anchura se sitúa más o menos en su centro





                                                                                                                                                                                                               Prefieren las laderas de las montañas, incluso hasta los 1.800 metros.
Vemos de nuevo ese roble, ahora en su ambiente. Se trata de una ladera boscosa camino del pico Balandrau


Una vista de esa bonita ladera:

Son árboles muy rudos, que soportan bien las difíciles condiciones de nuestras cordilleras; son poco exigentes con los tipos de suelo: crecen aún en pedregales, de ahí su nombre latino.
Otra perspectiva del mismo bosquecillo de "roures de fulla gran":












Los bosques se roble albar se extienden por todo el centro y mediodía de Europa. En España, en el norte y en la cordillera central.
No llega a Portugal ni a las Baleares.



Sus recios troncos, de color grisáceo o pardo se agrietan y resquebrajan con la edad. 











Este es el tronco de un roble del bosquecillo antes visto:


Las hojas, caducas, tienen un peciolo largo: de 2 ó más centímetros. Son hojas grandes, alternas, simples, marcadamente lobuladas, como vemos.


Son hojas de color verde intenso por el haz; algo más claras por el envés.


El fruto es una bellota que nace pegada a su ramilla o con un pedúnculo muy corto. Son bellotas que maduran en otoño.


Algunas de las hojas de nuestras fotografías están muy sucias: supongo que debe se consecuencia de la escasez de lluvias de este verano...


La madera de estos árboles es muy estimada, por su dureza: se utiliza para fabricar muebles; también como parquet. Vemos un último ejemplar... próximo a Can Vilardell en la Vall de Ribes.







En otoño, las hojas amarillean, se vuelven pardas y caen. Vemos ahora un "quercus petrea de jardín", Situado en el jardín de Can Mercader, en Cornellá de Llobregat. En avanzado otoño...: 







Y he aquí, por fin, algunas de esas hojas que van "caducando" y que caerán en breve: 


El roble es un árbol que ha sido tratado con calor en la Literatura. Es posible que a un gran roble de esta especie se refiera Antonio Machado cuando en su poesía "Las encinas" dice:

El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia inmoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.
El alto roble parece
que recalca y ennudece
su robustez como atleta
que, erguido, afinca en el suelo.

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